En la provinicia Jiangsu, unos hipnóticos arrozales.El extraño era Philip Lymbery, director de un grupo activista llamado Compasión en la Producción Pecuaria Mundial (CIWF por sus siglas en inglés).No está ahí para reprenderlos por las condiciones de vida de sus cerdos, aunque son deprimentes.Los puercos están apretujadas en jaulas, sin espacio para moverse.Sin embargo, las condiciones de vida de la familia no son mucho mejores: el baño, descubre el visitante, es un hueco en el suelo entre la casa y el chiquero.
Los puercos están apretujadas en jaulas, sin espacio para moverse.
Con los antibióticos evitan llamar al veterinario, así ahorran dinero. Y como los cerdos engordan, ganan más. Pero…Algo llama la atención de Lymbery: una pila de agujas. Se trata de antibióticos… ¿los prescribió un veterinario?No, explica la granjera, no es necesario tener una receta para comprarlos.En todo caso, los veterinarios cobran muy caro, mientras que los antibióticos son baratos, así que inyecta a sus cerdos rutinariamente con la esperanza de que no se enfermen y así evita tener que llamar al veterinario.Está lejos de ser la única. Las apretadas e inmundas condiciones de las granjas de producción intensiva son caldo de cultivo de enfermedades; pero bajas dosis rutinarias de antibiótico pueden ayudar a mantenerlas bajo control.Además, los antibióticos engordan a los animales.Los científicos están estudiando los microbios de sus intestinos para entender por qué, pero los granjeros no necesitan saber la razón: sencillamente saben que harán más dinero si sus animales son más gordos.
Caímos en nuestra propia trampa.
Las bacterias tienen sus propios intereses: luchar por sus vidas.

Tocineta sin antibióticos.