El comercio del Oxycontin generó un aumento de las prescripciones de opioides en Estados Unidos.Pero lo que pocos conocen es que la estrepitosa fortuna de los Sackler, con la que ofrecen becas, compran arte, crean fundaciones e instituciones, patrocinan salas en el Louvre y en el Museo Británico, abren escuelas en Israel y fundan decenas de programas científicos, académicos y culturales por todos lados, tiene un pasado oscuro.Es una historia y una fortuna que comienzan con tres hermanos, pasa por una campaña de marketing y se desarrolla en una adicción sin precedentes.Una adicción que llevó a Estados Unidos a declarar este jueves una emergencia de salud pública y que ha dejado más muertes que la guerra de Vietnam y de Afganistán juntas.Pero sin que se dispare una bala.
Los Sackler financiaron un patio futurista en el Museo Británico que lleva su nombre. (Foto genérica de Archivo).
Trump declaró el jueves que la crisis de opioides de Estados Unidos es una emergencia de salud pública.
Más de 60.000 personas murieron en Estados Unidos en 2016 por sobredosis de opiodes.
Los miembros de la familia Sackler muestran su fortuna con discreción y tienen apariciones esporádicas en actos de filantropía.Otros ocho miembros de la familia forman parte del directorio de Pardue Pharma, según la prensa estadounidense.Ilene, Kathe, Marissa, Mortimer D.A. (un hijo de Mortimer) y Richard Sackler, integran varios consejos de la familia, la mayoría de naturaleza filantrópica.De acuerdo con Inside Philanthropy, el clan "mantiene un bajo perfil público, no opera un sitio web y no emplea personal formal".En 2015, la Fundación Arthur M. Sackler otorgó más de $ 1,1 millones a varias instituciones, la totalidad en donaciones de arte, según informaron en sus declaraciones de impuestos consultadas por BBC Mundo.Sus proyectos filantrópicos, según Inside Philanthropy, llegan hasta la Universidad de Tel Aviv, la Universidad de Leiden en Holanda, el Museo Británico o la Facultad de Medicina Clínica de la Universidad de Cambridge.