Fuente: PixabayLos alimentos procesados son aquellos que son sometidos a algún tipo de procesamiento industrial antes de ponerse a la venta y de que nosotros los consumamos, en contraposición a los alimentos naturales, a los que no se les ha añadido componente alguno.
Fuente: PixabayCuando adquirimos cualquier alimento envasado, en él podemos consultar varias etiquetas. En una parte destacada y con colores llamativos lucirán las que transmiten las cualidades del producto, o aquellas con las que se pretende incitar al consumidor a su adquisición. Pero la etiqueta más importante suele encontrarse con una tipografía algo más pequeña, en un lateral o en la parte inferior del producto, y que incluso puede resultar difícil de localizar. En ella ha de constar el listado de ingredientes y la información nutricional. Ese listado es el que ha de consultarse para saber exactamente qué es lo que estamos comprando, qué se ha incluido en su preparación y si tiene algún riesgo para los alérgicos.
Fuente: Wikipedia/Nnacho33209 CC BY-SA 3.0El etiquetado ha de incluir las cantidades de grasas, grasas saturadas, azúcares, proteínas, hidratos de carbono y sal, además de su valor energético. Los aditivos figuran detallados o bien con el nombre completo o bien con el número E, y algunos de los ingredientes deben especificarse de forma especial, como los cereales que contienen gluten, los crustáceos y sus productos, los huevos y productos de los huevos, los productos pesqueros, la espelta, el maní, la soja, los lácteos, las nueces y el sulfito en concentraciones de más de 10 mg/kg.
Fuente: Wikipedia/Sir JamesLas etiquetas de los alimentos deben tener una fecha de consumo preferente o una fecha de caducidad. La fecha de consumo preferente hace referencia al día hasta el que se puede tomar el alimento conservando sus propiedades y la calidad prevista, y suele indicarse como «consumir preferentemente antes del día/mes/año».