Cerbero, el perro guardián del inframundo griego con tres cabezas, pintado por William BlakeEn ocasiones míticas, como Orfeo, el viaje empezaba en la puerta del infierno, donde tenía que burlar al perro de tres cabezas, y era de ida y vuelta si lograba conmover a los dioses del inframundo con su arte y pedir que permitieran el regreso de su amada Eurídice a la vida.
Gruta del Plutonium por la que salen los gases carbónicos que mataban a los animales en los sacrificiosDe todo este comercio con el infierno grecorromano se colige que algunos mortales sabían cómo llegar. Había puertas que llevaban hasta el inframundo y una de ellas, mítica, estaba en lo que hoy es Turquía. Los arqueólogos han podido perfilar el lugar y su utilización en ritos religiosos durante la época romana en la ciudad de Hierápolis. Según han publicado en la revista «Science» Allí hay un templo que desciende hasta una gruta en la que los animales eran sacrificados sin intervención de la mano del hombre… ¿Cómo? Era la puerta del infierno…
Caronte, el barquero del inframundo
El entorno del Plutoium de Hierápolis
Mercurio conducía las almas hacia el infierno