Los pacientes a quienes se acababa de recetar un analgésico opiáceo tenían un riesgo de muerte prematura un 64 por ciento más alto que los pacientes a quienes se administró un analgésico alternativo. Pero gran parte de ese riesgo se relacionó con el inicio de dificultades respiratorias durante el sueño, seguidas por irregularidades del ritmo cardiaco y otras complicaciones cardiovasculares.