Walton Hall es una casa señorial en West Yorkshire, Inglaterra, construida en 1767 en una isla de un lago de 26 acres, donde solía estar un castillo medieval su foso.
Waterton venía de una familia de la nobleza católica romana, con una ascendencia que incluía -además de otros aristócratas- 8 santos: Vladimir el Grande, Santa Ana de Rusia, los Santos Mártires Boris y Gleb, San Esteban de Hungría, Santa Margarita de Escocia, Santa Matilde y Santo Tomás Moro.Waterton venía de una familia de la nobleza católica romana, con una ascendencia que incluía -además de otros aristócratas- 8 santos: Vladimir el Grande, Santa Ana de Rusia, los Santos Mártires Boris y Gleb, San Esteban de Hungría, Santa Margarita de Escocia, Santa Matilde y Santo Tomás Moro.Ese fue el misterio que ayudó a develar Charles Waterton, a quien se le recuerda como el prototipo del británico excéntrico.
"Fue la primera y última vez que estuve en el lomo de un caimán", dice esta imagen de la famosa aventura de Waterton ocurrida durante su viaje a Demerara (Guyana) en 1820. Lo acompañan nativos y esclavos negros. Uno de esos esclavos, John Edmonstone, aprendió taxidermia con Waterton y cuando fue liberado en Gran Bretaña trabajó en el Museo de Edimburgo, donde le enseñó taxidermia a Charles Darwin, y lo inspiró con sus relatos sobre la selva tropical."Fue la primera y última vez que estuve en el lomo de un caimán", dice esta imagen de la famosa aventura de Waterton ocurrida durante su viaje a Demerara (Guyana) en 1820. Lo acompañan nativos y esclavos negros. Uno de esos esclavos, John Edmonstone, aprendió taxidermia con Waterton y cuando fue liberado en Gran Bretaña trabajó en el Museo de Edimburgo, donde le enseñó taxidermia a Charles Darwin, y lo inspiró con sus relatos sobre la selva tropical.En su estadía en Guayana, Waterton dormía con los dedos gordos del pie fuera de la hamaca, con la esperanza de que los vampiros los mordieran, cosa que nunca ocurrió, según el reverendo Wood quizás porque "tomaba tanto vino de Burdeos que sólo un vampiro muerto de hambre se habría interesado".
Este inusual espécimen de taxidermia que trajo de Guyana a Inglaterra tenía un notable parecido con J. R. Lushington, secretario del Tesoro, a quien Waterton detestaba.Fue un naturalista de campo por excelencia, que inspiró a Charles Darwin a viajar a América del Sur (donde el famoso científico desarrollaría su teoría de la evolución).
"Es doloroso ver a una criatura pobre con angustia y dolor (…) Sin embargo, el veneno wourali destruye la acción de la vida con tanta suavidad que la víctima parece no sentir ningún dolor; y probablemente, no se siente nada más que el punzón momentáneo cuando entra la flecha", escribió Waterton.Antes de partir, había cenado con Sir Joseph Banks, el famoso explorador y naturalista que había sido el líder de la expedición científica en la barca del Capitán Cook ‘Endeavour’ durante la exploración del Pacífico Sur 1768-1771.
"Un día o dos antes de que el indio macoushi prepare su veneno, se adentra en el bosque en busca de los ingredientes. Una vid crece en estas zonas salvajes que se llama wourali. Es de esto que el veneno toma su nombre, y es el ingrediente principal.
El ingrediente más importante de toda la receta: strychnos toxifera.Waterton lo llevó a Europa donde había una fascinación por el curare.
La pasó muy mal, pero después Waterton se aseguró de que viviera muy bien.La pasó muy mal, pero después Waterton se aseguró de que viviera muy bien.Cuando se colapsó y dejó de respirar, rápidamente realizaron una traqueotomía, es decir que con un cuchillo le abrieron un hueco la tráquea.
"Ofrezco este libro de "Vagabundeos" con una mano vacilante. Tiene poco mérito y debe abrirse camino a través del mundo lo mejor que pueda. Recibirá muchos empujones a medida que avanza, y quizás esté destinado a agregar uno más al número de muertos en el campo de la crítica moderna", escribió Waterton en la introducción a su libro.Los tres científicos habían demostrado que si podías mantener al paciente respirando, sobreviviría, mientras su cuerpo quedaba inmóvil y relajado por el curare.
Vivió en Walton Hall y cuando murió, en su obituario en el diario local, la homenajearon.Waterton vivió 26 años más, trepándose a los árboles a observar pájaros o a leer.