Jefferson Inácio (28 años) mira desde la carretera hacia lo que fue su hogar. GERMÁN ARANDAJefferson Inácio, que mira desde la carretera hacia lo que fue su hogar, hoy reducido a fango, recuerda muy bien aquella tarde. "Estaba en casa cuando escuché un estruendo enorme y al asomarme por la ventana empecé a ver una avalancha de barro bajando por la ladera, derribando árboles y edificios. Avisé a mi madre y conseguimos huir, como la mayoría de los vecinos. Subimos a un monte y cuando la avalancha frenó bajamos y rescatamos varios cuerpos muertos, de quienes no habían conseguido huir. Fue muy triste", rememora. Le cuesta al joven brasileño explicar todo lo que perdió: "Mi vida está aquí con mi familia, mis recuerdos muy vivos y el resto, si no está enterrado en el barro se lo llevó la avalancha hacia abajo".